¿QUE EL ARTE NOS RESCATE?

63785_130320137121748_2116125597_n.jpgVivir es fascinante, sobre todo cuando nos mantenemos atentos a cada experiencia, cuando disfrutamos cada instante como si fuera el primero, cuando no dejamos de sorprendernos. Si, en este mismo momento, fuéramos plenamente concientes de los colores que nos rodean, de las sensaciones táctiles, gustativas y olfativas, de los sonidos que nos circundan; no podríamos evitar sentir una profunda gratitud hacia la vida : las preocupaciones se irían, se esfumarían como por arte de magia, reemplazadas por el hechizo de estar vivos, de gozar del privilegio de existir. Pero no vemos plenamente sino hasta que pintamos lo visto, no escuchamos plenamente sino hasta que hacemos música, no experimentamos el mundo sino hasta que lo hacemos nuestro por medio del arte.

Creo que el arte tiene todo que ver con el gozo de existir, con la sorpresa y el misterio que nos causa todo lo que nos rodea, con la necesidad  de volver a ver, sentir, escuchar, olfatear, palpar, degustar el entorno. No para intentar una representación “objetiva” del mismo, sino para construir nuestro entorno mismo, el entorno de lo propiamente humano, que no puede ser sino este mismo que nos forjamos al darle cauce y significado a ese manojo de experiencias que, solo cuando quedan conformadas culturalmente, podemos llamar “realidad”. La realidad es el producto permanente del arte, que nos posiciona como humanos, en un mundo culturalmente predispuesto, culturalmente inacabado, permanentemente en construcción. Nos hacemos humanos porque reinterpretamos la reinterpretación permanente de lo que nos rodea.

En cierto sentido, el arte es , desde su inicio, una de esas herramientas que el ser humano necesitaba para conocer el mundo, para producir un escenario que pudiera conocerse, para hacer algo con ese excedente de impresiones visuales,  sensoriales, que tuviera sentido, que lograra tener un significado. Y el relato de la vida, de la naturaleza, de la conquista de los elementos, de la planeación de los rituales de cacería, de los asuntos sociales;se hizo por medio del arte. No era una narración pesimista, ni optimista: simplemente era un relato, en el que aparecían, visualmente, o en forma cantada, o auditivamente, o en formas artesanales, esculturales, las emociones primarias, las esperanzas de un más allá, cualquier cosa. Y se narraba con pasión, con entusiasmo. Y se hacía para comprender mejor, para intentar comprender. Y creo que lo mismo sigue haciendo el artista y el admirador del arte hoy en dia: intentar comprender todo esto. Solo se comprende lo que se representa, y la representación artística estuvo allí, antes que la científica, antes que la filosófica, acompañada de la religiosa. Solo se comprende todo esto cuando se expresa, porque solo lo que se pone afuera se puede atestiguar, se puede observar, se puede volver significativo. No basta con escuchar a un ave: hay que reproducirla con una ocarina, con un silbido, para empatizar mejor con ella. No basta con ver un paisaje : hay que ponerlo en una tela, transformarlo, para que exista por primera vez. No existe para un ser humano sino hasta que se vuelve lienzo, hasta que se transforma en un olor a oleo y trementina. Inclusive lo gastronómico es expresivo, lo olfativo es expresivo, lo textil táctil es expresivo –y deberían ser incluidos como disciplinas artísticas la cocina, la perfumería, la costura, en la medida en que nos devuelven el mundo sensorial de una manera  humana-.

Esa representación expresiva, emocional, era al mismo tiempo un intento de comprensión , y un “hacer conciencia del entorno”. Pero también era un  acto de sacar a la conciencia representativa, no solo lo que se percibía del mundo exterior; sino también , y hasta sobretodo, lo que se asomaba del mundo interior, del  complejo  e intrincado mundo psíquico, tan estrechamente ligado, para la humanidad primitiva, al entorno natural. El entorno natural era percibido con conciencia mágica, porque estaba lleno de emotividad y antropomorfismo, era la proyección de toda la rica imaginación, de todo el rico simbolismo psiquico, combinada con la observación asombrada de una naturaleza circundante, enigmática.

 

Tanto el mundo interior como el mundo exterior eran puestos “afuera” , simultáneamente, en el arte primitivo. Hoy en dia, el mundo exterior es representado por otros medios, mas “objetivos”, que no quieren ser subjetivos en modo alguno : la ciencia, la comprobación, el experimento, el registro fotográfico  y  magnetofónico, etc. Y , en esa repartición de la realidad, se le asigna al artista el derecho de mostrar su mundo interior, su mundo psiquico, mediante paletas de color, sonidos musicales, obras plàsticas. El artista se deshace de la carga de retratar el mundo objetivo, y se complace en indagar por el mundo simbólico, el mundo poético, el mundo mágico, los infiernos , los cielos, y los purgatorios de lo emocional, lo existencial, lo cognitivo.

 

¿Qué sería del ser humano sin el arte? ¿Qué pasaría si no nos fuese posible sacar a la luz los fantasmas interiores, mediante la literatura, mediante las artes plásticas, mediante la música?. . ¿o hasta que punto ya vivimos en un mundo así?.. En cierto modo,  la aldea global ya es un lugar , principalmente, productivo. Se viene a producir, a conseguir, a averiguar cual sea la nueva versión de la felicidad que nos impongan los medios de comunicación, y a perseguir esas metas externas. El mundo interno tiene pocos espacios expresivos. La acción de imaginar, ya no la cumple el niño, como antes, con juguetes precarios que le sirven de excusa para ser libre y potencializar todo lo que se le ocurra, sino que se le brinda servida con excelentes dibujos animados y magníficos efectos visuales. ¿Ya para que imaginar si el mundo de la ficción viene empacado, enlatado, y listo para servir?. Se hace catarsis, sin duda, también en el rol de espectador. Pero no es lo mismo. Las manos están mutiladas para redescubrir el gozo de elaborar, porque los objetos ya vienen prefabricados. La voz está exenta de  cantar, porque ese es un trabajo de profesionales; como lo es también el de poner colores en un papel, o sonidos en el espacio. Da pena sentirse con derechos de artista aunque no se tengan las habilidades plenas. Se pierde el protagonismo ya desde que la division entre espectador y actor se abre paso en el teatro griego, pero mas ahora, cuando se come crispetas como se tragan películas comerciales: no hay, o hay cada vez menos, necesidad de digerir. La representación del mundo social y natural viene predigerida, y los estómagos culturales ya no desarrollan encimas digestivas, porque no las necesitan :para eso hay comunicadores sociales de los que entienden muy mal su oficio, o artistas que hacen el estudio de mercado antes de desarrollar su producto de venta, o profesores que ya saben que el cliente –vale decir, el estudiante- tiene siempre la razón, no sea que se quejen con las directivas, que también le darán la razón al cliente, porque es el que paga. Mucho de arte facil, digestible, que gira alrededor del consumidor; poco de arte que exprese , complejo, el mundo interior del artista, y ponga a trabajar las neuronas del audiente, del visionante, del emocionante que va hacia el arte para averiguar un poco mas, en ese espejo,  acerca de si mismo.

 

Y, sin embargo, ese es el arte que humaniza, y solo ese: el que nos hace más concientes del mundo interior, el que nos permite sacar afuera, por medio de los sentidos, la vida emocional, psíquica, profunda. La prueba la tenemos en los que, de puro saludables que son, no se quedan allí, pudriéndose en su oficinas kafkianas, socialmente funcionales, catalogados como “normales” -pero en realidad  muertos por dentro-, sino que prefieren manifestar libremente su locura, enfermándose. La enfermedad mental es una especie de protesta política del inconciente. Ante un mundo sin sentido trascendente, de valores planos, cualquier mente medianamente inteligente se enferma, como un acto de rebeldía ante un principio de realidad que no le dice nada, que no es significativo. Y se porta , en este caso, el enfermo mental , por psicótico que esté, como alguien “mas inteligente” que el neurótico promedio. En su búsqueda de sentido, que fracasa ante la rudeza de un mundo social y afectivo que no lo colma, el desquiciado se refugia en un mundo propio. El único problema es que ya no sabe cómo salir de ese mundo, de esos delirios: se encierra por dentro, y deja la tranca puesta. A veces la protesta le sale demasiado cara, de puro irreversible que se vuelve, y le sale más cara aún a la familia y a la sociedad, que prefieren no sentirse parte del problema, no responsabilizarse de la pérdida sociopolitica  de sentido que nos caracteriza como cultura, que en todo caso tiene como trasfondo la locura :le echan la culpa  a los genes, a la química cerebral, a la baja “resiliencia” y asunto resuelto.

 

Una sociedad demasiado cuerda, enloquece. Demasiadas normas, demasiadas estructuras, demasiado tiempo esclavo –ese que se opone el tiempo libre-, demasiada presión productiva, demasiadas metas que cumplir, postgrados que hacer, dinero que conseguir, cuotas que pagar; llenan el tiempo de racionalidad lineal, y nos secan el alma. El alma se muere, porque se muere la imaginación, la lúdica, se irrespeta  ese no mencionado de los derechos humanos que es el de perder el tiempo: el derecho a perder el tiempo, a dejar que hable una voz mas profunda, esa que los recreacionistas quieren apagar a como de lugar, a toda costa –porque los recreacionistas son la nueva estirpe enmascarada al servicio de los “tiempos modernos” que ya acusaba Charles Chaplin. La voz del alma no va a salir a flote en un partido de banquitas, no es muy probable. Se requiere ocio, soledad de la que plenifica, otro tipo de contacto con la naturaleza que no nos dan las piscinas de Melgar ni las playas atestadas de Cartagena con turistas apretados como pinguinos, ni menos, ahora, las playas del tayrona, coveñizadas para siempre aunque guarden la apariencia de reserva ecológica con dueño propio.

 

Pidámosle al arte que nos rescate : la ciencia ya no lo hizo, la tecnología no lo parece: han incumplido las promesas que nos hicieron , en el siglo XIX. Una nueva constitución no lo hizo, y parece que al cambiar gobiernos de derecha por gobiernos de izquierda o de centro, o viceversa,;solo estamos dándole la vuelta a un pastel que nunca miramos por dentro.  La religión ya no pudo, o no a todos los rescata de la alienación, o no todos saben cómo jugar con ella de tal modo que no se convierta también en otro instrumento social para adueñarse  del individuo. Hecha para compensar la horizontalidad plana del consumismo con la verticalidad de la flecha que va más hacia abajo, a lo profundo, o mas hacia arriba, hacia lo sagrado –total es lo mismo- la espiritualidad , esencia de lo religioso, debería impregnar al arte, y el arte mostrarse como libertariamente espiritual. El arte puede ser la válvula de escape, y ojalá algo mas: la puerta hacia el sentido, el terreno en el que podamos resignificar el mundo, y reconstruir una estética del amor y de la manoseada paz; temas que solo la flor del alma entrega, cuando aprendemos a cultivar su aroma.

 

Igual que el amor, el arte cumple con una función, pero el amor no es solo esa función que cumple. Es algo más. Sería ridículo que un psiquiatra nos prescriba enamorarnos, para superar la depresión. Pero sin duda puede ocurrir que enamorarse cumpla con la función de quitarle una depresión a un enfermo, por lo cual cumple una función. Lo que es ridículo es que se entienda el amor como medicamento, porque reducir el misterio trascendente del encuentro con un otro insondable, a una experiencia util, es una infamia. Es un misterio, aunque sea util, y es inabarcable, aunque pueda utilizarse como medicamento.

 

Con el arte pasa lo mismo.Le podemos pedir que funcione como un medicamento, y entonces le cambiamos el nombre: lo llamamos arte terapia. El término surge en el contexto de las ciencias de la salud, como para validar desde la ciencia y desde la utilidad, lo que no debe reducirse a una herramienta del psiquiatra ni ponerse al mismo nivel del valium, pero que funciona para sanar. El arte funciona para sanar, aunque lo que hace para la salud mental no sea lo que lo defina, y ojalá lo que se logre con el enfermo no se oriente de nuevo a su reincorporación funcional en el sistema productivo y reproductivo de la sociedad plana. Porque el artista está para subvertir, igual que el filósofo: no para justificar los poderes establecidos, sino para cuestionarlos y así dar curso a lo propiamente humano, que no es la cosificación de los unos por los otros, sino la búsqueda incesante de trascendencia , libertad, y sentido.

 

Hans Prinzhorn, (1886 - 1933)  psiquiatra vienés, consideraba la motivación creativa como una motivación básica de la especie humana, y decía que toda creación albergaba un potencial de autosanación. Tenía toda la razón, y luego su opinión se empezó a validar con pruebas experimentales. La ciencia le daba permiso al arte, aunque el arte no le estuviera pidiendo permiso  a nadie, porque no lo necesita. Pero un mundo cada vez mas escéptico y ciego para lo que de por si tiene valor, necesita que los nuevos dueños de la verdad den su absolución objetiva. Prinzhorn creó una colección que alberga las obras de pacientes mentales de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg, que fué de gran influencia en la formación de personas que posteriormente contribuyeron al surgimiento de la arteterapia. En ese movimiento   de reconocimiento del valor del arte desde las  ciencias de la salud, influyeron indudablemente Sigmund Freud y Carl Jung.

 

 Freud devolvía al símbolo y al mundo onírico un valor que les había sido negado, rescatando el valor de los potenciales psicológicos del mito para comprender al ser humano. Y Jung , al reconocer el lenguaje simbólico del inconsciente en los sueños y mitos, pero sobre todo al descubrir que sus pacientes psiquiátricos en proceso de recuperación producían creaciones visuales llamadas mandalas, empezó a practicar el mismo con el dibujo de figuras espontaneas y simétricas. Descubrió que centraban las energías psíquicas, y que cumplían con un importante papel en el proceso de centramiento y trascendencia psicológica que llamó “individuación”. La individuación era para Jung el crecimiento espiritual mismo , y  por eso observó que los mandalas  no estaban casualmente en las expresiones artísticas de las principales religiones místicas, como el hinduismo y el budismo. La acción de plasmar visualmente simetrías figurativas con un eje central, era la expresión arquetípica, no reductible a esta o  a esta otra cultura, ni a este  o a este otro paciente, sino perteneciente  al ser humano en su conjunto, cuando se acerca  su plena trascendencia, cuando integra todos los fragmentos, complejos, y subpersonalidades que por su propio impulso tienden a unirse.

 

Los hallazgos de Jung fueron principalmente pictóricos, y no musicales, ni gastronómicos, ni olfativos, ni táctiles. La escultura que se toca, el alimento que se come, el aroma que se degusta, el sonido que se impregna; puede que también sean sintoma y a la vez medio de sanación. Debe existir algún paralelismo de los mandalas con algún tipo de música, con algún tipo de alfarería, con algún tipo de caricias al espacio, a la textura y al perfume ; si es que el ser humano plasma con las artes y con los sentidos todo cuanto ocurre en su psiquismo. Pero esto no se exploró, y por eso la Terapia a través del arte, conocida como Arteterapia se define hoy en día como el uso de las artes visuales con fines terapéuticos. Sin embargo, yo  aplico una arteterapia basada en sonidos y musicalidades, con mis  consultantes , con la misma eficacia que cuando las terapias  se basan en  la pintura y el modelado con arcilla.  Pero  la arteterapia común se basa en la idea de que las representaciones visuales, objetivadas a través del material plástico, contribuyen a la construcción de un significado de los conflictos psíquicos, favoreciendo su resolución, y facilitando la relación terapeuta-consultante.. Tiene un rango amplio de aplicación, en áreas como la rehabilitación , la educación y la salud mental.

 

Las esferas de lo público, de lo social, de lo económico; nos parecen desligadas de lo psicológico. El mundo exterior, ese mundo masculino al que se dedican los hombres en una cultura patriarcal, el mundo de la ciencia, la economía y la política; nos parece que no tiene nada que ver con el mundo interior, el mundo del alma, ese otro universo del que nada sabe la NASA, que ni se considera cuando se piensa en un país mejor, o en una Colombia en paz. Algún dia reconoceremos que las sutilezas de la sanación interior no son material espurio, sino la sustancia misma de los valores amorosos que una cultura de la paz necesita. Y puede que entonces el arte sea visto, ya no como ese gasto inútil que hacen las casas de la cultura en los municipios, ya no solo como eso que hay que patrocinar a medias para que algunos jóvenes se alejen de la drogadicción,sino como una terapia nacional. No en vano los fascismos de toda índole combaten a los artistas de primerazo: es que saben que el espíritu de la libertad, el hallazgo de un sentido en la vida, de un sentido propio, es la energía que nos sana y nos promueve mejores, mas amorosos, mas concientes del misterio sagrado que nos habita.

 

Lo sepan o no, nuestros artistas son arte-terapeutas :nos permiten ver el pais. Pero además, deberíamos darle mas cabida a la arte terapia propiamente dicha. Trastornos de alimentación, adicciones, inadaptación social, deficiencias psíquicas ,deficiencias físicas y motoras; son hoy en día tratadas eficazmente en España con arteterapia. Podríamos hacer acuerdos con instituciones ya renombradas de arteterapia como (ISPE), en Italia, (AATA) en U.S.A,  para aprender a atender cientos de situaciones sicosociales que tenemos como pais violento, y en las que la arteterapia es un apoyo de bajo costo y de facil aplicabilidad. Sirve como medio de ayuda y expresividad para niños con conflictos o con  necesidades educativas especiales, tiene efectos sobre el lóbulo temporal del cerebro  que hace que los sentimientos y las emociones positivas se potencien, reduciendo así el nivel de ansiedad (que es algo que también puede estimularse enseñando meditación ),invierte el deterioro que causa el estrés escolar y laboral en el sistema inmunológico -yla concomitante  aparición de numerosas enfermedades cardiovasculares-, estimula las capacidades propias del individuo, desarrolla la creatividad y expresión, y se usa para ayudar a recuperar  a personas  maltratados  y con necesidades educativas especiales.

 

¿no es algo así lo que estamos necesitando?

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